El Cesto de los tesoros

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Cuando un bebé coge un juguete nuevo, lo toca, se lo lleva a la boca y lo manipula, lo más probable es que se entretenga un rato pero pronto desaparece el interés, sus padres observan incredulos como su curiosidad natural le lleva a fijarse en la caja, con sus envoltorios, variedad texturas y materiales que se pueden romper y deformar produciendo diferentes sonidos y sensaciones. Pese a que la situación tiende repetirse no solemos captar el mensaje y seguimos comprándole insulsos juguetes de plásticos con colores llamativos. Al bebé le interesan los nuevos descubrimientos que puede hacer con lo que tiene entre manos, para él todo es nuevo y quiere experimentar a través de los sentidos: nuevos sabores, sonidos, texturas… Materiales cotidianos como la madera, la lana, el cartón y el metal. Conociendo esta curiosidad innata la pedagoga inglesa Elinor Goldschmied ideó El Cesto de los Tesoros como una propuesta de juego y aprendizaje dirigida a edades comprendidas entre los seis meses y el año, etapa en la que el nivel de desarrollo neuro-muscular permite que el niño mantenga una posición sentada y en la que ya puede agarrar fácilmente objetos pequeños y aún no gatea. Para Goldschmied consiste en “Ofrecer a los niños/as, durante un periodo determinado y en un entorno sumamente controlado y seguro, una gran cantidad de objetos y de recipientes de diversos tipos para que jueguen libremente con ellos sin que intervenga el adulto; el cual sólo se dedicará a observar”. Se ofrece a los participantes una actividad de exploración y juego, una manera de aprovechar la actividad espontánea para desarrollar su autonomía, capacidad de elección y de concentración entre otras cualidades.

El cesto de los tesoros.

Los objetos que incluye posibilitan el desarrollo de los cinco sentidos y del movimiento cinestésico (el pequeño ve u oye, pero hasta que no se mueve para coger una cosa no la conoce bien) son atractivos fomentando su capacidad de elegir entre las muchas y diversas posibilidades. El desarrollo de esta cualidad resulta muy importante para afrontar el aluvión de estímulos que va a recibir en la sociedad actual, donde hay que decidir constantemente qué rechazas y con qué te quedas. Se trata de una actividad muy interesante para realizarse en grupo pues fomenta la interrelación entre los bebés. La comunicación se produce de cuatro maneras según Elinor Goldschmied: con el intercambio de miradas y la observación prolongada; con la atención expectante respecto a lo que el otro niño está haciendo; mediante sonidos preverbales y con el intercambio de objetos, el forcejeo para poseerlos y los contactos mutuos. Cuando se desarrolla la actividad debe haber una persona adulta presente, pero en un segundo plano, con una actitud meramente observadora. Esta presencia frena la inquietud del pequeño al acercarse a cosas desconocidas a la vez que manifiesta su respeto hacia la autonomía del pequeño. Así de una manera sencilla, esta actividad satisface las curiosidades de los bebés, reforzando su autonomía y acercandoles a materiales que le serán familiares a lo largo de su vida.